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“En los Juegos mi obsesión era no quedar último”

“En los Juegos mi obsesión era no quedar último” - HIELO ESPAÑOL

Entrevista a Dario Villalba

 

Madrid, 24 de julio de 2012 – Con motivo de la preparación de un reportaje que saldrá publicado en una revista especializada internacional, entrevistamos Dario Villalba (San Sebastián, 1939), el que fuera el primer patinador español en disputar unos Juegos Olímpicos (1956 – Cortina D’Ampezzo). Alejado hace ya más de 50 años de las pistas, actualmente, es Académico de Bellas Artes y uno de los artistas plásticos más respetados de nuestro país.

 

P. ¿Cómo se introdujo en el mundo del patinaje?

R. Mi padre era el Cónsul Español en la ciudad de Filadelfia (Estados Unidos). Allí comencé a patinar a la edad de 11 años. Según decían mis entrenadores estaba especialmente dotado para este deporte y ganaba todas las ribbons (un tipo de distinción que se alcanzaba al pasar diferentes niveles). Incluso llegué a proclamarme vencedor de un campeonato júnior del área de Filadelfia.

 

P. Pero cuando volvieron a España se encontró un panorama completamente diferente…

R. Sí, así es. Volvimos a España y, por aquel entonces, sólo había una pista de hielo, que estaba en una sala digamos de variedades (se ríe) y era muy pequeña. Gracias a generosidad de mis padres pude ir a entrar a Chamonix (Francia) con la entrenadora alemana Thea Frenssen que formó a grandes estrellas como Gundi Busch o Ina Bauer.

 

P. ¿Cómo era el nivel de nuestro país por aquel entonces?

R. Los Campeonatos de España contaban con tres o cuatro patinadores que venían del patinaje sobre ruedas y el nivel era muy bajo. Yo realizaba doble bucle, doble metz, doble salchow y doble lutz. También trabajaba el doble axel. Desde luego nada que ver con el nivel de hoy en día donde los chicos realizan saltos cuádruples.

 

P. Posteriormente, concretamente en 1956, da el salto a competición internacional ¿Cómo fue todo aquello?

R. Era muy joven, apenas contaba con 16 años, cuando competí en los Juegos Olímpicos de Cortina D’Ampezzo (1956). Toda mi obsesión era no quedar el último y lo logré. Finalicé 14º, superando a dos competidores: el australiano Charles Keeble y al finlandés Kalle Tuulos. Posteriormente, participé en los mundiales de Garmisch-Partenkirchen también en 1956 donde fui 15º, ganando a un competidor, de nuevo al australiano Keeble. En ambos casos, el vencedor fue el gran patinador norteamericano Hayes Alan Jenkins al que admiraba mucho.

Fue una experiencia curiosa porque, en aquella época, ser patinador español era como ser torero en un país nórdico. Después me retiré.

 

P. Una vida deportiva corta pero intensa que dio paso a su otro gran amor: la pintura

R. Con 18 años realicé mi primera exposición y, desde entonces no he parado. En 1983 recibí el Premio Nacional de Artes Plásticas y, en 2003, el Rey me hizo entrega de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. Además, desde 2002, soy miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

P. Usted fue el pionero pero, de la mano de Javier Fernández, el patinaje español está brillando a gran altura ¿Qué siente al verle patinar?

R. Para mí es emocionante y enternecedor. Tuve la suerte de conocerlo cuando vino a mi estudio con un miembro de la Federación Española (Gloria Estefanell). Le pedí que hiciera un cuádruple sin patines y me quedé alucinado con la altura que cogía. Le sigo muy de cerca y también al resto de los patinadores españoles (nos pregunta por todos ellos, incluso por los júnior). Para mí es emocionante haber podido ser el comienzo de lo que estos chicos están continuando.